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8M. MUJERES Y ADICCIONES

La cuestión de género también se refleja en las adicciones y hoy, como cada día, hablaremos de ellas, para visibilizar también su realidad.

Ser mujer y tener una adicción supone enfrentarse una doble vulnerabilidad y desventaja social: por acercarse a la ilegalidad y por incumplir los roles tradicionalmente asignados a las mujeres.

Supone luchar contra mandatos, imposiciones y estereotipos, haciendo frente a cualquier forma de exclusión, marginación y desigualdad.


Supone saberse y reconocerse diferentes, pero sabiendo que el género no es una cuestión exclusiva de la mujer y que solo mano a mano con toda la sociedad podremos crear un modelo social más equitativo e igualitario, donde las mujeres no exista estigmatización social y no teman pedir ayuda o reivindicar lo que desde siempre les ha correspondido.



Con motivo de la celebración del Día de la Mujer el próximo 8 de marzo, desde Proyecto Hombre queremos hablar de nuestras mujeres.


Mujeres valientes, fuertes, llenas de dignidad y que exigen ser miradas sin censura, sin juicios.

Ellas representan el 15% de las personas que atendemos y tardan, de media, dos años más que los hombres en dar el paso y pedir ayuda.

“El temor a la estigmatización social, las cargas familiares o el escaso apoyo socio familiar son algunas de las causas que provocan que las mujeres soliciten ayuda más tarde que los hombres”, sostiene Elena Presencio, directora general de la Asociación Proyecto Hombre en Madrid.


También hay que señalar las diferencias en cuanto a la historia y entorno sociofamiliar; las mujeres muestran una mayor prevalencia de padres con un problema de alcohol y de hermanos con problemas de drogas. Las mujeres usuarias también presentan un mayor nivel de convivencia con personas con problemas de alcohol o drogas.


Por lo que se refiere a la situación económica, las mujeres atendidas también muestran mayores dificultades: su principal fuente de ingresos a lo largo de 2020, y de acuerdo con los datos obtenidos a través del Informe del Observatorio de Proyecto Hombre, ha procedido de los subsidios, con un 40,8%. En el caso de los hombres supone el 28,6% cuya fuente principal sigue siendo el empleo.


No podemos perder de vista el contexto en el que se han extraído estos datos que demuestran que las mujeres han sido las grandes perjudicadas por la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19, pues la mayor destrucción de empleo se ha producido en el sector de los y las trabajadoras de los servicios de restauración, personales, protección y vendedoras, sector que coincide en ser en el que hay más mujeres empleadas, un 31,5%, en el caso de los hombres, con un 16,3%.


En relación con la sustancia de consumo, en el caso de las mujeres adquiere mayor protagonismo el consumo problemático de alcohol (46,8%) como sustancia principal, seguido del consumo de cocaína (28,9%). El consumo de hipnosedantes es comparativamente superior entre las mujeres, casi quintuplicando ellas su consumo.


Sin embargo, los consumos no son exclusivos y nos encontramos con perfiles de policonsumo de estas sustancias.


Finalmente, y si hablamos de la salud mental, queremos destacar que existe una mayor incidencia entre las mujeres de sufrir problemas emocionales y psicológicos, depresión severa, e intentos de suicidio.



Proyecto Hombre aborda la perspectiva de género de manera transversal en todos sus recursos, desde la prevención pasando por la reducción de daños y el tratamiento basado en el modelo biopsicosocial.


Es esencial trasmitir que la cuestión de género no es una cuestión exclusiva de la mujer, incluye al hombre que ha de participar para cambiar los estereotipos, expectativas y comportamientos y así construir juntos un nuevo modelo social más igualitario.

Para Proyecto Hombre es urgente tomar medidas desde la perspectiva de género que permitan promover y reducir la brecha de acceso a los tratamientos para las mujeres promoviendo su acceso a la asistencia terapéutica. Para ello será necesario poner en marcha campañas de sensibilización y programas de prevención, evaluación y apoyo específicos como son los programas que contemplan que muchas mujeres cuentan con hijos e hijas a su cargo o son gestantes, programas para aquellas que han sufrido violencia de género o concebidos para reducir los factores de desigualdad, incomprensión y estigmatización de las mujeres.





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