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ESCLAVITUD ELEGIDA

Jose Juan es voluntario en la Comunidad Terapéutica de La Tornera en la Isla de Gran Canaria, acompañando a personas en tratamiento.

Se incorpora como voluntario al programa hace un año, y nos ha sorprendido con su empatía hacia el equipo, y su don para la escritura.

Gracias Jose Juan por tu amor incondicional hacia las personas, y tu compromiso con el centro y con los valores de Proyecto Hombre.


Esclavitud elegida

 

El sol no salía para él. Sus ojos transmitían dolor, sufrimiento y soledad. La esclavitud que había elegido, lo habían atrapado en una vida sin sentido, repleta de angustias, miedos y dependencias artificiales, que lo sumergían en un callejón de permanente oscuridad.

No se daba cuenta del daño que hacía a sus seres más querido, al no ser consciente, de porqué y para que, utilizaba las drogas, y que vacíos tapaba con ello. ¡Bueno, si! Se negaba a aceptarse tal como era y, a entender que nunca se haría mayor. Estaba convencido de ser joven eternamente, o, al menos eso creía.

Se había apartado de las personas que más lo amaban, y que realmente lo querían salvar a toda costa. Sin embargo, para él no había salvación, que no fuese, él, él, y solo él.

Su madre, esposa y hermanos, lo habían dado por perdido, y la única solución a su alcance, era echarlo de su casa, en donde vivía con su madre y esposa. La convivencia con un politoxicómano era insostenible.

Dos semanas después, sobrevivió a un intento de suicidio con metadona, gracias a dos policías locales, que lo habían encontrado semiconsciente cerca de su casa, de la que tenía una orden de alejamiento por maltrato psicológico, es decir, violencia de genero.

Después de treinta y cuatro años, se volvió a ver de nuevo en un centro penitenciario, lo que esta vez sin dignidad, si es que alguna vez la tuvo; humillado, sin esperanzas, sin ilusiones.

En su estancia en prisión, tuvo una visita inesperada en locutorio. Era Blas, un amigo de la infancia, que se había rehabilitado a principios de los noventa en Proyecto Hombre, haciéndose una nueva persona, y dando luz, a unos valores que tenía eclipsados desde la                                        adolescencia.

Las palabras que había mantenido Blas, con su amigo, le sorprendieron de tal forma que, para él, era algo irreal.

¿Cómo era posible, que después de tantos años, aparezca Blas en su vida y mirándolo a los ojos, le diga, que, con sus amigos más cercanos, con los que se habían criado, e incluso mantenido los primeros picoteos en el mundo de las drogas, lo daban irremediablemente por perdido?

Que estas palabras las reciba cuando más bajo ha caído, le hacen entrar en un estado de reflexión destructiva, en donde las trampas de su ego, hacen un papel fundamental. Se sintió impotente y herido en lo más profundo de su corazón.

Y si, además, Blas le dice que, si cree en él, cuando ni sus familiares más próximos lo creen, pues ahí comienza a fluir un pequeño foco de esperanza.

 Seis meses después, pasa por junta del centro penitenciario, donde le conceden el tercer grado, bajo la tutela de Proyecto Hombre.

Así que aquello, de alguna forma, lo liberó.

El proceso de rehabilitación fue muy duro para él, desconfiaba de todo el mundo, se aislaba en su mundo interior, llenos de miedos e inseguridad.

 

 

En dicho programa, trabajaban con las personas, no con las adicciones. Comenzando con grupos de apoyo en donde se trabajaba el estado de motivación. En esta fase, los terapeutas analizaban su grado de autoestima, para tener una idea de por dónde moverse. Dependiendo de sus avances, si los habían, pasaba a un grupo de conocimiento, en donde la herramienta principal era el confronto, (el por qué, el para qué, etc…) Luego llega la etapa de reinserción social.

Lo más que le llamó la atención, era que el equipo de profesionales, no lo juzgaban. Iban directamente a la raíz de su adicción, a que descubriera desde su infancia, si había habido algún tipo de trauma familiar, e incluso en su propio ser, que lo hubiesen llevado a aquel mundo oscuro de esclavitud, que él mismo creo.

Una vez dado de alta del centro residencial, afrontó su periodo de reinserción social, con un inmenso miedo, algo fallaba en él, que no lo dejaba dormir tranquilo.

El fin de año del 2020, tuvo la gran fortuna de encontrarse en un mercado de la capital, a su ex terapeuta, que lo conocía muy bien. Ella le había dicho que no pasaba nada sino quería cambiar, pero que fuese honesto, porque tenía mucho amor que ofrecer.

Desconocía el verdadero significado de la palabra amor, y se sorprendió del inmenso significado de dicha palabra, que tuvo que mirar en un diccionario.

A raíz de esa conversación, se dio cuenta de que no podía haber un cambio sin honestidad, y que esa, era la pieza clave de su puzle.

El ser honesto, le dio entre otras, la gran satisfacción y liberación de poder dormir tranquilo. Ya, no tenía que mantener sus propias mentiras. Su alma, dejó de molestarle. Había recuperado su vida.

Con cincuenta y cinco años, por fin, comenzó a madurar. 

 Le recomendaron un libro, que leyó en dos días, titulado “El hombre en busca del sentido”, de Víktor Frankl, fundador de la logoterapia y del análisis existencial, que había sobrevivido a diversos campos de concentración nazis, donde describe, como el hombre madura entre el dolor y el sufrimiento, dependiendo de la forma en que afronte sus adversidades.

En esta nueva etapa, comenzó a respetarse así mismo, a cuidarse, a conocer a nuevas personas, y adquirir nuevos compromisos, que le hicieran salir de ese mundo gris, cargado de desasosiego.

Se interesó por participar en talleres de escritura creativa, con la intención de relacionarse socialmente. Lo que nunca imaginó, fue, verse atrapado de inmediato, en ese mundo literario, mágico, donde lo que sientes, lo puedes escribir, y poder cambiar su pasado a través de un papel, que le generan endorfinas cada vez que lo lee.

Luego comenzó con el voluntariado del Banco de alimentos de Las Palmas de G.C. que, en estos días, ha cumplido sus veinticinco aniversarios, amparando a los más necesitados, del que él, se siente muy orgulloso de poner su granito de arena.

 Hace cerca de un año, participa en el voluntariado de Proyecto Hombre, haciendo acompañamientos a los chicos, de la que obtiene una experiencia incapaz de definir con palabras.

Su gran riqueza, haber conocido Proyecto Hombre, que le ha aportado sentido a su vida, libertad interior, y el verdadero significado de la palabra AMOR.

Jose Juan.

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