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EN PRIMERA PERSONA: CARMEN LUISA

MI EXPERIENCIA DE VIDA VOLUNTARIA

Al comenzar a poner por escrito esta experiencia de compromiso voluntario en el Proyecto Hombre, me llegó un whassapp con una imagen y texto de Tomás Moro que acompaña esta comunicación.

Tanto la imagen como el texto expresan, en terminos generales de manera simbólica, lo que he querido que sea mi compromiso voluntario en los diferentes campos y lugares donde he querido desarrollar mi vida, participando y colaborando desde muy joven.

Teniendo como marco el texto de Tomás Moro que aparece en la imagen, en primer lugar, comparto una síntesis de la disposición de fondo y la motivación que me ha impulsado a “ser voluntaria”, sin reducirlo a unos tiempos y tareas concretas, sino a vivir desde la gratuidad, queriendo compartir lo que soy, lo que hago y lo que tengo desde la perspectiva siguiente:

“Queriendo estar atenta, personalmente y desde las entidades, para descubrir las necesidades y


urgencias de personas y grupos, en los territorios y disponerme (disponernos), junto con ellas, a buscar los medios -posibles y adecuados- para responder fraternalmente a las mismas, sin sentirnos indispensables”.

A continuación, describo unas pinceladas de mi caminar y compromiso con diferentes organizaciones y, en concreto, con “la gran familia” que se ha creado en torno a la Fundación CESICA. Proyecto Hombre:

El compromiso voluntario a lo largo de mi vida, reconociendo mis propias limitaciones, ha dado sentido a mi vida y me ha ayudado a crecer como persona. Y esto, como respue


sta a una llamada a vivir: 1) como hija de Dios, Padre/Madre, 2) la fraternidad con todas las personas, de modo especial, con las empobrecidas y menos favorecidas y 3) colaborando en la construcción de una sociedad diferente, solidaria y particpaiva, que facilite los dos puntos anteriores.

Soy consciente de que el “compromiso voluntario”, cuando es auténtico, supone una ayuda a las personas y grupos que se benefician del mismo, una colaboración para fortalecer el tejido comunitario y social y la riqueza y crecimiento personal para quienes se comprometen.

Las actitudes, los valores y el comportamiento de las personas voluntarias no se pueden ni deben reducir para ejercerlas en el tiempo dedicado a ete fin. Han de ir configurando el “ser” y el “hacer” de esta persona en todos los ámbitos de su vida y, sobre todo, en su relación con las personas. Varios verbos puestos en activo, hacen posible esta dinámica: ACOGER, ESCUCHAR, PROPONER, ESTIMULAR LA PARTICIPACIÓN, IMPLICAR, ACOMPAÑAR y EVALUAR, con disposición para CAMINAR JUNT@S CON HUMILDAD.



La opción de ser VOLUNTARIA no me ha sido fácil a mí y, tampoco, lo ha sido para quienes han asumido este compromiso en la sociedad actual, regida por los deseos de “dominar” y “poseer”, eludiendo responsabilidades que supongan un esfuerzo personal, sin beneficios económicos o de prestigio personal y grupal. Por otro lado, estoy convencida de que este compromiso, no se puede realizar en solitario, lejos de una corresponsabilidad comunitaria.

Tengo la experiencia de que, para la creación y mantenimiento de un compromiso voluntario, es necesario estimular y cuidar espacios que favorezcan las relaciones humanas y la participación de todos y todas.

Algunos elementos a tener en cuenta:

  • la valoración expresa de la participación activa de cada uno/a y de todas las aportaciones, aunque fuera necesario “encausar alguna de ellas”;

  • disponer de herramientas, de “medios adecuados” que favorezcan el compromiso voluntario de modo continuado;

  • por otro lado, es necesario estar atentas y atentos para descubrir y denunciar las causas y las consecuencias de unos comportamientos injustos y responder a la inquietud que produce el dolor que ocasiona a tantas personas, grupos y a pueblos enteros: la desigualdad y la pobreza; la injusticia y el hambre; el egoísmo y el sufrimiento; el despilfarro de los recursos naturales por parte de unos pocos y las carencias de ellos para la mayoría de las personas.


Pinceladas de mi (nuestra) trayectoria de compromiso voluntario al servicio de las personas y familias, afectadas por el cosumo de drogas con el fin de lograr su desintoxicación y la reinserción sociolaboral de cada una.

Hacia el año 1985, al asumir el compromiso de la Dirección de Cáritas Diocesana de Tenerife, mientras trabajaba profesionalmente en un Centro de Educación Permanente de Personas Adultas, lo primero que nos propusimos fue realizar un análisis de la realidad de la pobreza en nuestras Islas, antes de establecer las prioridades de nuestra actuación. Los datos del resultado de este análisis manifestaron que las causas de la pobreza que afectaba más fuertemente a la juventud y a las familias, en aquellas fechas, eran ocasionadas por el consumo de drogas y que, en nuestra Comunidad Autónoma, no existian Programas o Proyectos preventivos y rehabilitadores de sus consecuencias.

Esta situación nos llevó a tomar la decisión de conocer diferentes Programas y Proyectos efectivos que existían, a lo largo de la geografía peninsular, para afrontar las causas de esta pobreza.

Una vez conocidas las experiencias, sin medios aconómicos garantizados para su sostenimiento, decidimos optar por la implantación del Proycto iHombre en Canarias. Iniciamos el proceso para ello, con todo lo que llevaba consigo: La formación 1º en Bilbao y luego en Roma d


el Director del Proyecto; la búsqueda de personas que estuvieran dispuestas a emprender su trabajo como terapeutas, después de un periodo de formación específica; la búsqueda de los inmuebles y espacios donde ubicar los distintos servicios necesarios para ir desarrollando las tres fases del Programa.

Desde el principio, comenzamos el proceso para la creación de un Marco Jurídico donde ubicar el desarrollo del Proyecto Hombre en Canarias. A este fin, se creó la “FUNDACIÓN CANARIA CESICA,PROYECTO HOMBRE EN CANARIAS”.

Además de las gestiones realizadas para conseguir los recursos económicos y la infraestructura, material y de personal, necesarias para la implantación del Proyecto Hombre en Canarias, mientras se formaban para su responsabilidad, D. Antonio Hernández, como Director del mismo, y un pequeño grupo de Terapeutas y Voluntariado conformando un pequeño grupo fue: la acogida, escucha, acompañamiento y seguimiento de un grupo de familias, víctimas del consumo de drogas que estaban sufriendo mucho dolor y carencias de todo tipo, por este motivo. Esto nos impulsaba a seguir luchando para obtener los recursos necesarios para llegar a la meta.


Desde el momento de la creación de la Fundación CESICA, hasta esta fecha, he formado parte del Patronato de la misma, asumiendo el servicio de ser su Vicepresidenta con la voluntad de cooperar con todas las personas relacionadas con Proyecto Hombre, desde distintas responsabilidades y/o necesidades.

Hemos dedicado mucho tiempo que intentamos que fuera un tiempo de calidad y que nos ayudara a todos y a todas a:

  • “crecer como miembros de una gran familia”;

  • “superar y/o disipar las dificultades” que en cada momento se nos han ido presentando;

  • “buscar aternativas creativas” a los nuevos tipos de consumo, las edades, las situaciones familiares, los ámbitos sociales, de dolor y pobreza…

  • “aprender de los errores”, confrontación, relación de ayuda;

  • “mejorar la gestión y la intervención”;

  • “crear un tejido emprendedor y solidario” entre quienes participan desde los diferentes ámbitos (las personas usuarias, las familias, los equipos de trabajo, el voluntariado)

Carmen Luisa González Expósito


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